Tomando decisiones
Esta semana ha sido abrumadora, diversos acontecimientos se dieron en mi vida profesional, tuve que tomar la decisión de seguir en el camino en el que estoy, o darle un pequeño giro –unos 45° siendo gráfica-, o un giro aún mayor, y además decidir si aceptaba o no un trabajo adicional, así que estuve un tanto ansiosa y abrumada todos estos días, una noche no pude dormir… y es que no es fácil a veces, sobre todo cuando las opciones están relativamente equilibradas y no hay una diferencia enorme que te haga decir fácilmente “sí” o “no”, y como no soy tan segura para tomar este tipo de decisiones, recurrí a la opinión de a quienes siempre recurrimos cuando algo así sucede: la familia y los amigos cercanos, estos últimos se convierten en la familia cuando uno está lejos de su hogar, aunque claro, la decisión final siempre será mía. Uno siempre toma decisiones en base al conocimiento que de las cosas tiene en el presente, hace proyecciones a futuro esperando sea el mejor, pero nunca se sabe.
Finalmente decidí seguir por el camino en que estoy, y la razón fundamental fue porque es la que me ofrecía la mejor la calidad de vida, aunado a que me permitiría aceptar la opción adicional de dar clases, algo que no es totalmente nuevo para mí, pero sí a este nivel. Ahora, después de haber tomado las decisiones en base a un profundo análisis, la ansiedad desapareció, me siento tranquila y además me siento feliz porque me encanta el tema que daré en clase y porque espero aportar y aprender mucho en esta nueva experiencia.
